ELVIRA MUGNO Y MIGUEL MALASPINA,FUNDADORES DE LA FAMILIA MALASPINA EN VENEZUELA.

ELVIRA MUGNO Y MIGUEL MALASPINA,FUNDADORES DE LA FAMILIA MALASPINA EN VENEZUELA.
ELVIRA MUGNO Y MIGUEL MALASPINA, FUNDADORES DE LA FAMILIA MALASPINA EN VENEZUELA.

martes, 12 de abril de 2016

MEMORIAS DE ITALIA (XI)

MEMORIAS DE ITALIA

XI
    Escampa y hace un poco de sol. Para recorrer la ciudad cada uno se va  por su lado de acuerdo a sus gustos  e intereses artísticos  y acordamos encontrarnos en la Puerta del Paraíso, la obra magistral de Lorenzo  Ghiberti construida en 1452 con escenas del Viejo Testamento en la Catedral de Florencia.
 Llego hasta la Galería de la Academia .Hay una larga cola. Titubeo y me pregunto si hacer un recorrido por el casco histórico  en unas carretas tiradas por caballos  y disfrutar de una panorámica general de la ciudad  o seguir esperando para ver el David original; pero al final decido quedarme. Llueve nuevamente de manera intermitente. Un poco de lluvia se alterna con un poco de sol. Estoy empapado a pesar del paraguas que me vendieron unos africanos. Exactamente estuve una hora para entrar.
 Dentro del museo hay muchas obras de Miguel Ángel, pero la gente se agolpa alrededor del David, perfecto e intocable. El rito consiste en esperar su turno para admirarlo y luego sentarse y seguir contemplándolo de lejos. La larga espera  se recompensa con unos minutos de meditación frente a la escultura magistral. Me parece que todos oran en silencio como frente a un altar y ruegan por las cosas bellas de la vida. El David de Miguel Ángel, según se ha dicho desde el Renacimiento, se prepara para su combate decisivo contra Goliat ; y cada uno de los amantes del arte que lo observa de tan cerca con arrobo casi religioso pide fuerzas para continuar la lucha que implica el sólo hecho de existir.

 Salgo con la satisfacción  de haber visto el original del David y no haberme conformado con la copia en la Plaza de la Señoría.  Por una callejuela sigo sin un rumbo determinado. Un anciano de barba blanca, como salido de una de esas pinturas del siglo XIX,  está sentado en una acera. Fuma pipa y toca el acordeón. Al verme entona música de mariachis. Se llama Marcelo, es napolitano y fue marinero en sus mejores tiempos. Me siento junto a él y le pido una canción de su pueblo,  y  con gusto la saca  en su instrumento que parece pieza de museo. Con alegría y tristeza recuerdo al abuelo Michel Malaspina, quien según José Antonio de Armas Chitty cantaba melodías napolitanas en sus momentos de nostalgia en Santa María de Ipire.

   Un grupo de personas está alrededor de un Cupido de carne y hueso, pero empieza nuevamente la lluvia y ahora con gran intensidad. A Cupido se le chorrea la pintura que lo transformaba en escultura  y no le queda más remedio que correr hasta un pasillo techado.  Natalia y yo entramos a un bodegón y con ensalada mediterránea brindamos con vino toscano mientras mejora el tiempo.




domingo, 3 de abril de 2016

MEMORIAS DE ITALIA (X)

MEMORIAS DE ITALIA












X
A través de la región de Umbría nos dirigimos a Toscana. El clima es fresco. Pasamos castillos,  campos roturados, pinos y  huertos de girasoles. A los lejos se ven trenes rápidos.
 En Florencia avistamos la Basílica de Santa Cruz, donde están enterrados Maquiavelo, Galileo y Miguel Ángel. Aquí, en 1817, Stendhal  se sintió enfermo: “Había llegado a ese punto de emoción en que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Cruz me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme”. Lo descrito por el escritor francés se denomina Síndrome de Stendhal, consecuencia de los efectos producidos por la maravillosa y abrumadora belleza de las obras de arte. Los síntomas consisten en palpitaciones, vértigo, confusión, temblor, depresión y alucinaciones. La psiquiatra  Graziella Magherini comprobó y documentó estadísticamente en 1979 la vigencia de síndrome, el cual es particularmente endémico de esta ciudad.
 FFCaminamos bajo la lluvia. Al mismo tiempo que empieza a llover saltan montones de vendedores de paraguas. Llegamos hasta la Plaza de la Señoría y nos ubicamos en la parte techada entre mucha gente y estatuas. Una pareja contrae matrimonio y junto a sus alegres acompañantes espera con nosotros el cese de la lluvia.
Aquí funcionó la Hoguera de las Vanidades, donde Girolamo Savanarola quemaba todo lo que parecía un lujo, incluyendo libros como los de Boccaccio. Savanarola, quien empezó a estudiar medicina, que luego  abandonó por la teología, predijo guerras y epidemias de sífilis  y se enfrentó al poder político y eclesiástico. Sus luchas terminaron en esta plaza, colgado y lanzado a las brasas en 1498.
Mientras llueve contemplamos las esculturas de la plaza. El Perseo con la cabeza de la medusa Gorgona de Benvenuto Cellini nos recuerda que Asclepio, dios de la medicina, uso la sangre emanada por la decapitación para resucitar a los muertos, lo que podemos entender ahora como una forma mitológica de transfusión de sangre o de reanimación. El Más Allá podía quedar despoblado por eso Zeus decidió  matar a Asclepio con un rayo. Esta es  la manera mitológica de decir que los médicos luchamos contra la muerte y posponemos su llegada. Pero al final ella nos gana la partida.
Dos obras expuestas en esta plaza sirven para establecer diferencias claras desde la perspectiva de la anatomía. Por un lado, la copia del   David de Miguel Ángel (1500); y por otro,  el Hércules de Bandinello.  El segundo envidiaba al primero, y para superarlo quería esculpir algo grandioso, gigante. Su Hércules (1533) tiene, tal vez, mil músculos; ignorando que el cuerpo humano tiene sólo seiscientos cincuenta.  Cellini dijo que parecía un saco de melones. En efecto, Bandinelli no había estudiado la anatomía como Miguel ángel lo que no le permitía alcanzar la perfección a la hora de esculpir un cuerpo humano.   Miguel Ángel estudió anatomía 20 años en el convento del Santo Espíritu de Florencia.

sábado, 26 de marzo de 2016

MEMORIAS DE ITALIA IX

MEMORIAS DE ITALIA
Edgardo Malaspina
IX



Subimos por callejuelas hasta un pequeño restaurant para almorzar. Estamos al aire libre rodeados de plantas. Todo es colorido, fresco y luminoso. Cerca, un patio con una fuente. Los compañeros de viaje le obsequian a Natalia un ramo de flores y una torta con motivo de su cumpleaños. Hacemos un brindis en medio de expresiones alegres.
No muy lejos del restaurant nos invitan a una degustación de un licor, especialidad de la isla: el limonchelo. La bodega se llama La Magia del limón. En vasitos probamos diferentes sabores frutales de varios colores  pero siempre sobre la base del limón. En los estantes hay botellas de todos los tamaños y de todas las formas posibles, como para todos los gustos.
Por un sendero estrecho y largo subimos hasta los Jardines de Augusto. A los costados se encuentran muchas villas hermosas cubiertas de ramas floridas. Hay también tiendas de dulces y refrescos, cuyas fachadas se adornan con limones gigantes  amarillos que cuelgan por todos los ventanales  de atención al público.
    Desde los Jardines de Augusto, con sus pinos y palmeras, nos arropa la brisa mediterránea.  Sentados en este balcón natural  contemplamos el atardecer  sobre los farallones con el arrobamiento conmovedor del espíritu que sólo puede producir lo romántico asociado al vértigo.
Bajamos lentamente para ver cada casa con sus muebles, pinturas y rosaledas. En un alto observo un mosaico con el rostro de Máximo Gorki, el creador del socialismo real en la literatura. Aquí vivió su exilio dorado y se curaba de la tuberculosis. Aquí escribió Relatos de Italia, una recopilación de cuentos que leí cuando era estudiante de medicina en Moscú.
 Pero a mi esposa Natalia no le cae bien Gorki. Dice que su exilio cuando Stalin gobernaba en la Unión Soviética sólo tiene una explicación: ignorar los horrores del estalinismo. Regresaba a Moscú y recibía honores del sátrapa. La gente le planteaba lo terrible de vivir bajo la mano del dictador con la esperanza de que con su autoridad y prestigio lo divulgara al mundo. Gorki sonreía, callaba y regresaba a su exilio pagado por el Coba.

De vuelta en el barco descorcho una botella de vino para brindar por mi esposa. Pepe, el amable guía napolitano, se inclina hacia Natalia y entona, en voz baja y melodiosa,  un canto italiano de cumpleaños.




sábado, 19 de marzo de 2016

RECUERDOS DE ITALIA

VIII

 Mis primeras noticias sobre Capri las tuve a través de  algunos médicos famosos .Inicialmente   supe de la isla  cuando leí “Sensaciones de viaje”, del galeno y escritor modernista Manuel Díaz Rodríguez. Luego encontré “Tiberio, historia de un resentimiento”, de Gregorio Marañón. Más tarde,  con Axel Munthe, quien se convirtió en 1880, a los 23 años, en el Doctor en Medicina más joven de Europa, obtuve otras referencias. Pero antes, con Suetonio, citado en los estudios sobre la evolución darwiniana en bachillerato, también oí hablar de la isla por sus descubrimientos de fósiles muy antiguos.
 Llegamos al puerto de Marina Grande. Díaz Rodríguez subió en mula hasta la ciudad. Nosotros usamos el funicular  y los carros  pintorescos, únicos y peculiares de la isla.
 El regocijo y disfrute espiritual se inicia con la travesía marítima. El barco recorre  parajes, mientras se acerca a los farallones, arcos naturales y grutas. El azul del cielo soleado y claro, la brisa y las gaviotas son parte del magnífico paisaje. En lo alto se divisa la villa de Tiberio, quien dirigió el imperio desde ese refugio. Hay muchas versiones para explicar la elección del emperador. La más probable es que era un hombre hipocondríaco y huía de la multitud. Los defensores de la teoría humoral creían que el hipocondrio emanaba vapores que provocaban la enfermedad.
Marañón cita a Plinio, Suetonio y Tácito. Estos historiadores lo describen con úlceras y tumores en el rostro que ocultaba con emplastos. De allí su resentimiento y su temor al público. El médico español cree que Tiberio padecía de sífilis, sin descartar la lepra. Sus llagas eran curadas  por médicos egipcios con cauterizaciones que lo producían ulceras más profundas. Era el método curativo de la época recogido por Hipócrates en una de sus sentencias: “ Lo que la medicina no cura, lo cura el hierro (la cirugía), y lo que no cura el hierro, lo cura el fuego…”
 Tiberio se refugió en Capri, según Marañón, por su tendencia enfermiza a la soledad. “El hombre del continente que se encierra en la isla lo hace porque, precisamente, su alma necesita del pequeño cosmos limitado; como ciertos pájaros prefieren  el universo dorado de su jaula al vasto mundo, lleno de esfuerzos y peligros”.
A Tiberio le gustaba hacer las veces de médico, pero odiaba a estos profesionales. En las guerras atendía personalmente a los soldados heridos y se preocupaba por sus medicamentos, comida y baño. No obstante, desde muy joven decidió prescindir de los facultativos. Simplemente los odiaba. En su última enfermedad sintió dolor en un costado, fiebre y escalofrío. Tenía una pulmonía, casi seguro.  Murió poco después de negarse a que el médico Charicles le tomara el pulso.






jueves, 31 de diciembre de 2015

31 DE DICIEMBRE DE 1991 EN LAS MERCEDES DEL LLANO.

HACE 24 AÑOS EN LAS MERCEDES DEL LLANO
(Del baúl de los recuerdos)

Esta foto es del 31 de diciembre de 1991 cuando recibimos el año nuevo junto a nuestros padres (QEPD) en Las Mercedes del Llano. Eran tiempos cuando nos reuníamos en casa con las puertas abiertas. La gente entraba y salía para darse un abrazo y brindar por las cosas buenas que nos esperaban. Ahora hay que encerrarse bajo muchas llaves y echarse un trago como lo hacían los esclavos en tiempos de la Colonia que aparentaban  estar rezando en una capilla para brindar subrepticiamente y no ser castigados por alegrarte. Es decir: bebemos como bebían nuestros ancestros negros: “encapillaos”.

sábado, 29 de agosto de 2015

LA RAMA RUSA DE LOS MALASPINA EN VENEZUELA

LA RAMA RUSA DE LOS MALASPINA EN VENEZUELA

Edgardo Malaspina

  Edgardo Malaspina casó con Natalia Riazanova y tienen 3 hijas: Katia, María y Yenny Malaspina. Estos son los recuerdos  asociados a la rama rusa de los Malaspina en Venezuela.

  Nikifor , bisabuelo de Natalia, era un hombre con cierta solvencia económica. Tenía una estancia en las afueras de Moscú, donde los viajeros cambiaban los caballos a sus trineos, tomaban vodka en el traktir o taberna y descansaban en la posada para luego seguir el camino. En verano servían ocroshka o sopa fría con kvas , hortalizas y pepinillos para enfrentar el calor. Pero en invierno bebían mucho chai y comían pilmenis y blinchikis con caviar. Los caballos estaban alojados en un establo cerrado para resguardarlos de las inclementes nevadas o de los calores sofocantes.
En una fotografía de 1914, Nikifor aparece con su madre y hermanas. Viste traje de cuero largo invernal y shapka o gorra de piel de zorro. Todos tienen válenki o botas de fieltro, un lujo para la época. El vestido, por sí solo, habla de que no eran pobres. Además, los pobres no se tomaban fotos en los tiempos onerosos del daguerrotipo.



Nikifor con su madre y hermanas.

 La esposa de Nikifor murió joven . El viudo se casó nuevamente, pero no se sabe con quién ni cuántos hijos más llegó a tener.
Del primer matrimonio de Nikifor nació Ielena Nikiforovna, abuela de Natalia.  Ielena se casó con Stepán Piskunov, presidente de un koljoz en el caserío  de Kosminka , aledaño a Moscú.  Allí sembraba trigo y criaba animales. Tuvieron seis o siete hijos.  De estos hijos sólo tenemos conocimiento  de María Stepanovna, madre de Natalia,  y de Genadi Stepanovich. Los otros  murieron durante la hambruna que provocó la guerra o de enfermedades infantiles.


Ielena y Stepan

 Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial  a las fronteras de la Unión Soviética  se convirtió en la Gran Guerra Patria .  Stepán se alistó  en el Ejército Rojo para cumplir con su deber patrio. Pero  murió en combate en la batalla de Smolenk en 1941. No llegaba a los treinta años cuando ofrendó su vida por su patria.

 Stepan


 Smolenk está a 360 kilometros de Moscú al Sureste de Moscú. La batalla es una de las más importantes de la Segunda Guerra Mundial porque fue la primera derrota de los hitlerianos. En la batalla murieron 45 mil  soldados soviéticos y 300 mil fueron hechos prisioneros; pero los rusos detuvieron a los alemanes  y evitaron que avanzaran hacia Moscú.  Stepán fue un digno solado del Ejército Rojo.
  Ielena recibió una carta donde le informaban de la muerte de su esposo, cuyo cadáver fue encontrado en el campo de batalla con una inscripción que permitió su identificación. Fue sepultado en el sitio de su caída; y seguramente sus cenizas reposan en una fosa común, tal como se acostumbraba hacerlo en el fragor de los encuentros bélicos de esos tiempos. María Estepanovna tenía apenas ocho años y añoraba los tiempos antes de la guerra, cuando cargaba caramelos  por montones en los largos bolsillos de sus trajes para compartir con los amigos.  Por eso la  llamaban María Medelenslaia, palabra derivada de med (se pronuncia miod) que significa miel.

 La guerra separó familias que nunca sabían de sus hombres enrolados como soldados. Los más sortarios regresaron sanos. Otros lo hicieron pero mutilados: sin un brazo, sin una pierna o con alguna contusión que los marcó para siempre. Otros, más nunca regresaron. Después de cincuenta años, cada vez que se celebraba la victoria de los soviéticos sobre los alemanes (1945), cada  nueve de mayo, podían verse a hombres y mujeres con pancartas sobre sus pechos buscando a sus seres queridos.
 Una vez se presentó a la casa de Ielena un soldado que había perdido a toda su familia. Era Trofim. Ielena y Trofim, ambos viudos de la guerra, decidieron reconstruir sus hogares.  Pero un día Trosha, como cariñosamente llamaban a Trofim, recibió una carta: su esposa y tres hijos estaban vivos en Moscú. Trofim ya se había encariñado con Ielena y se negó a regresar hasta su antigua familia. Pero Ielena lo convenció con una lógica sencilla y contundente: ella tiene tres hijos, yo tengo una sola hija. Hay más razones para irse que para quedarse.  Trofím se marchó  y más nunca se supo de él.
   Después de la guerra Ielena envió a María, quien apenas tenía 15 años, a Moscú con medio saco de papas para capear el hambre. Eran tiempos cuando la economía soviética quedó devastada tras la invasión alemana.
  En aquella época cuando se cumplía los 16 años se recibía el pasaporte, el cual confiscaba el presidente del koljoz para que los jóvenes no abandonaran los posibles puestos de  trabajo. Sin documentos no se tenía ningún derecho y la capacidad para moverse por el territorio soviético era nula. Esto explica el viaje de María  Stepanovna a Moscú: así recibiría pasaporte moscovita, el cual le daba mayores posibilidades para subsistir. Ya en Moscú, María, quien había llegado hasta tercer grado de primaria por los obstáculos que impuso la guerra, alegó pérdida de documentos, argumento común en un país en ruinas,  y afirmó que había cursado el séptimo grado. Se le hizo una prueba y la pasó satisfactoriamente. María tenía algunos recuerdos ingratos de su infancia: una vez dos alemanes hicieron sus necesidades fisiológicas en una olla de comida para alimentar a mujeres y niños de la aldea donde vivía. En medio de la escasez de alimentos, los propios compañeros alemanes consideraron esta acción como  vil e inaceptable y fusilaron a los infractores. Otro recuerdo de ese tenor se relaciona con su madre cuando le diagnosticaron cáncer en el estómago. Ielena actuó con la serena dignidad  de las mujeres rusas humildes de aquella época  a la hora de enfrentar su muerte inminente: compró la mejor tela para su mortaja y preparó un hatillo con otros implementos fúnebres. Una vecina fue encargada para confeccionar el vestido. En el velorio María notó que su madre llevaría a su tumba un traje distinto al que había seleccionado, hecho de una tela vulgar y barata. La vecina argumentó que la muerta ya no necesitaba más nada y tampoco se enteraría del cambio. María sufrió amargamente porque no se respetó la última voluntad de su madre. En momentos de grandes penurias económicas, las pequeñeces humanas no son raras.
 María Stepanovna se casó con Mijael Timofievich. Tuvieron dos hijos: Sergio y Natalia.
   Mijael nació en septiembre de 1933 en Siberia, en un pueblo cerca de Omsk. A los dieciocho años ya tenía novia y no se casó porque se fue al servicio militar en Moscú. En la Casa de la Cultura de la región moscovita de Ismaelova conoció a María, quien era aficionada del teatro y ya tenía alguna experiencia en el mundo de las tablas interpretando a Pelagia, personaje fundamental de la obra de Gorki, La Madre. Ielena veía a su hija con sus atuendos teatrales y le decía que en efecto se parecía a una viejita. Esto hacía llorar a María, quien se dedicó luego al canto. Inició su carrera como cantante al lado de Ludmila Zykina, quien luego se convertiría en una de las más famosas cantantes populares de la Unión Soviética. El presidente soviético Leonid Brehznev adoraba la voz de Zykina y la hizo muchas veces su invitada especial en veladas, celebraciones  y fiestas patrias.
  El padre de Mijael se llamaba Timofeo y su madre, Anfisa. Timofeo solía peinarse con agua y azúcar en tiempos cuando no existían las cremas fijadoras para el cabello.  Vivió en Omsk, tenía un tic nervioso en el cuello, consecuencia de la guerra, en la cual participó desde el principio hasta el fin. Se casó varias veces. En su última boda tenía 83 años.

Mijael tenía dos hermanas: Tamara y Raiza. Anfisa, mujer de carácter recio y margo, tenía fama de practicar la brujería. Se decía que usaba prendas de mujeres para sus hechizos en los bosques siberianos. Al momento de su muerte ninguna de sus hijas quiso despedirse de ella para evitar la transmisión de los poderes mágicos, según se creía.
 Al casarse Mijael y María sobrevinieron los problemas, el amor se acabó y vino el divorcio. Natalia recuerda a su padre trabajando en casa la carpintería, entre pedazos de madera y cola, con un pañuelo como gorro amarrado en su cabeza. También lo recuerda colocando los adornos en un arbolito de navidad.
 Sergio (Moscú,15.1.1959- Moscú,11.3.2012) tenía un carácter alegre. Era conversador, amaba los chistes, gustaba de preparar platos típicos rusos y era amante de  la buena vodka. Se casó con Lida, una siberiana, con quien tuvo dos hijas: Katia y Valentina.


Sergio



EL APELLIDO RIAZANOV





   Riazanov es uno de los más antiguos apellidos rusos, conformado por el apodo del fundador de la familia. Hace mucho tiempo los eslavos complementaban sus nombres agregándoles un apodo. Las causas fueron muy variadas: reflejaban  las peculiaridades del carácter, las costumbres y maneras de la conducta de la persona, el aspecto físico, etc.
Riazanov se llamaban los provenientes de la ciudad de Riazán , a 196 km de Moscú. Sin embargo, hay otros motivos para la aparición de este apellido en la historia rusa.

 La vida de los antiguos rusos fue muy difícil  por las guerras  frecuentes que terminaban con heridos y muertos. Esto transformaba sus vidas en una constante lucha por la existencia. Por supuesto, los primeros en ser señalados con apodos eran los heridos: Rezán (cortado), Strogán (cepillado, rallado), Kolot (pinchado, golpeado), Rubán (cortado), Strelián (muerto o herido  por un disparo). Estos son algunos de los apodos relacionados con los heridos durante combates guerreros.

En el habla de los bielorrusos, e incluso de los rusos occidentales y sureños  todavía se conservan algunas formas de una peculiaridad  llamada “iakania”( en vez de e se pronuncia ia). Antiguamente esa peculiaridad fue más acentuada. Por eso el nombre Rezán  y su derivado como apellido , Rezanov, en tiempos cuando no existían reglas unitarias en la gramática rusa, muy a menudo se escribía a la manera pueblerina o local : Riazán y Riazanov. Esa forma de escribir  solo confirma  la antigüedad del origen  del apellido Riazanov.
La popularidad de los apodos era tan grande que en los documentos aparecen  como nombres oficiales. Por ejemplo, en cartas escritas en ruso antiguo (1506) se cita a Riazán Kuzmín , hijo (tierra nororientales   de la Rus de Moscú). En 1577 se habla de Riazán Pankratovi. No es sorprendente que a menudo los apellidos  de los descendientes no provenían de sus denominaciones bautismales, sino de los apodos de los fundadores de la familia que eran más entendidos. Veamos algunos documentos antiguos : en 1621, Onicimko Riazanov, el cartero o informador. Nikita Riazanov, el que vive en  Simbirsk.
 Los apellidos Riazanov,Rubzov (cicatrizado), Stroganov, Krivov (torcido), Kolotov y Rubanov se encontraban más en las poblaciones  “ukraini”, es decir , en las fronteras  de la Rus Antigua ( Smolenk, Pskov, Nizhi Novgorod, Oriol, Tula. Kursk, Vononez, Riazán, Penza), atacadas  constantemente por los pueblos vecinos.



domingo, 17 de mayo de 2015

RECUERDOS DE ITALIA (VII)

RECUERDOS DE ITALIA, LA PATRIA DE NUESTROS ANCESTROS, CON ALGUNAS CRÓNICAS MÉDICAS.

Edgardo Malaspina

VII

En el Coliseo o Anfiteatro de Flavio, espacio para el ocio del pueblo romano, recorremos los pasillos  entre grandes bloques de piedra. En una de esas paredes, en su parte más alta, está dibujado un gran pene sobre un arco o fornix. Durante los espectáculos las prostitutas recibían a sus clientes bajo esas bóvedas ; y de fornix, fornicar.

 Observamos las ruinas del Coliseo: el suelo de madera, el cual se cubría de arena para los combates, está cortado especialmente para dejar ver el subsuelo, donde se alojaban las fieras. La escuela de gladiadores, llamada Ludus Magnus, estaba unida al Coliseo por un pasaje  subterráneo, a través del cual se trasladaban los combatientes hasta la arena. Me imagino a Galeno, en el siglo II, socorriendo a los gladiadores heridos. A pesar de que  Galeno hizo sus descubrimientos anatómicos y fisiológicos  en animales es muy probable que haya comprobado sus experimentos estudiando las heridas graves de sus pacientes luchadores.






 El Anfiteatro de Flavio se popularizó con el nombre de Coliseo porque muy cerca estaba una estatua gigantesca o colosal de Nerón, el emperador que temía ser envenenado y por eso agregó a la poción de Mitrídates  carne de víbora porque las mismas no mueren con su propio  veneno, suponía. Mitridatismo o resistencia  a los venenos es un término proveniente de Mitrídates IV, rey del Ponto (120-63 a.C), enemigo de Roma. Tomaba mezcla de venenos en pequeñas cantidades diariamente para obtener inmunidad y no pudieran envenenarlo. Cuando fue vencido no pudo suicidarse con veneno, método usual para evitar la humillación de la derrota. Se clavó una espada.